Ro 15:1-3
"Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. Porque también Cristo no se agradó a sí mismo."
El argumento final: Cristo es el modelo supremo de no agradarse a sí mismo. Él, siendo Dios, se humilló y sirvió (Fil 2:5-11).
Ro 15:7-9
"Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió para gloria de Dios."
La recepción mutua entre judíos y gentiles en la Iglesia se fundamenta en la recepción de Cristo. La unidad de la Iglesia no es uniformidad — es diversidad unida por el mismo Señor.